Sobre la cantidad de alumnos y otros pensamientos

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Hace poco durante un curso en Milán, hablando con otros profesores sobre la situación actual del taichí en las escuelas, la anfitriona del evento dijo, “¿sabéis que? desde que sigo el método, el número de alumnos ha bajado considerablemente”. Esta frase no me sorprendió ya que yo mismo lo he experimentado, no tanto en un descenso de alumnos sino más bien en la baja incorporación de los nuevos. En estas líneas quiero aprovechar a pensar un poco sobre el tema, sin guión ni plan previo, solo mantener una conversación conmigo mismo con el teclado de por medio. A ver si sale algo útil de aquí.

El primer escollo que podemos encontrar es la falta de ajuste entre las expectativas del público y lo que queremos presentar. La idea general que tiene la gente sobre el taichí es de una gimnasia suave para personas mayores que les puede aportar beneficios si lo practican. Las expectativas están relacionadas con ejecutar una especie de danza grupal, estéticamente agradable y dirigida para desconectar la mente de las preocupaciones del día a día.

Si en nuestro foco de enseñanza priman los valores marciales, el alumno que viene buscando el baile dirigido y relajado no encuentra lo que busca y lo normal es que abandone.

Hoy en día es muy complicado dirigir un grupo explícitamente dirigido a desarrollar los aspectos marciales del taijiquan porque lo normal es que una persona que quiera apuntarse a una actividad marcial, jamás se plantee ésta como primera opción. Los profesores tenemos que hacer malabares y jugar con las proporciones de técnica, formas, parejas, acondicionamiento físico, entrenamiento libre individual y por parejas para encontrar un equilibrio entre lo que el alumno quiere y lo que el taichí necesita.

Los grupos más numerosos suelen ser grupos en los que sólo se enseñan formas individuales, se mezcla el taichí con algo de chikung y tienen un porcentaje importante de dirección por parte del profesor. En muchos de estos grupos se repite y repite el mismo material una y otra vez, nunca se avanza en el currículum o como mucho se sustituye una forma por otra. Para un gran público esto es lo que se espera de una clase de taichí. De esta manera se desarrolla una cierta sensación de competencia en el alumno y la tranquilidad de no tener que tomar decisiones o enfrentarse a situaciones de incertidumbre. La clase de taichí es para relajarse.

Cuando el objetivo de la clase es desarrollar el currículum completo (principios básicos, técnica, forma, improvisación, tuishou, combate), la incertidumbre es constante en la clase y la capacidad de afrontamiento de nuevos retos, necesaria. No existen momentos de “relajación por desconexión mental”. Esto requiere estar dispuesto para hacer un esfuerzo y por tanto, a pagar los costes porque conscientemente has elegido ese camino.

Taller de Javier Arnanz sobre improvisación en el trabajo individual y su aplicación con oponentes en Tai Chi Caledonia 2019

Cada vez veo más relacionada la práctica del taijiquan con el aprendizaje de otras disciplinas artísticas. Pongamos de ejemplo la música. Cualquiera puede aprender a tocar con cuatro acordes algunas canciones con la guitarra. Esto puede ser un objetivo perfectamente lícito y suficiente para la gran mayoría de la gente. Te permite sentarte y desconectar, ser el alma de la fiesta cuando te reúnes con los amigos y sobre todo, ser una gran fuente de satisfacción personal. Pero es fundamental ser consciente de que eso no te hace guitarrista. Puedes disfrutar de este camino sin saber nada de teoría musical, ni de armonía. No tienes porque poder improvisar ni componer, pero no es necesario para disfrutar de tener una guitarra en la mano y sacar un sonido más o menos agradable.

El otro camino es el camino largo, el conservatorio, más de una década de formación en la que una gran cantidad ni siquiera es con el instrumento. El camino arduo, el camino que tienes que decidir de manera consciente que quieres seguir.

Cuál de los dos es el mejor. El mejor será el que se adecue a tus necesidades o intereses. Como profesional y enamorado del taijiquan, por supuesto toda mi energía está en el camino profundo, pero entiendo que no es el que interesa a la gran masa. ¿Dónde está la solución? No debería estar en desprestigiar otras maneras de trabajar, porque esas están atendiendo a otro público que jamás estaría de todas maneras en mis clases. La solución está en hacer una mejor tarea de comunicación sobre lo que el taichí puede aportar para atraer a esa chaval que se plantea apuntarse a kárate porque siempre ha querido hacer un arte marcial o a esa chica que tiene interés en hacer algo de defensa personal. Creo que hasta ahora no hemos sabido hacer esa tarea correctamente, dejándolo pasar o teniendo rabietas sobre lo que es adecuado o real.

Los profesores somos los principales responsables de esta imagen e independientemente del colectivo con el que trabajemos, tenemos que transmitir lo que está detrás de esa forma, vayamos a desarrollarlo con el grupo o no. Cuando a la larga todo el mundo tenga claro que es lo que le puede aportar el taichí, todos tendremos los alumnos adecuados en nuestras clases.

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