¿Se puede controlar los excesos de las fiestas?

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En un día normal no llenamos nuestros platos hasta arriba varias veces ni nos tomamos varios postres y repetimos de polvorones, turrones o chocolates. Entonces, ¿por qué nos comportamos diferente durante las celebraciones?

El principal motivo es el factor ambiental. Nuestros hábitos alimentarios son diferentes cuando estamos solos a cuando estamos rodeados de otras personas. El hecho de ajustarse al comportamiento de los demás es en si mismo una experiencia gratificante que te hace sentir como un miembro adaptado del grupo. En nuestra cultura resulta socialmente normal en un día de fiesta estar sentado a la mesa todo el día, disfrutando de tanta comida como sea posible. Los orígenes de este comportamiento vienen dados por épocas en los que la escasez era una norma y la mejor manera de mostrar poder o respeto por los demás era agasajarlos en abundancia. Como queremos adaptarnos a las circunstancias, adoptamos los patrones de comportamiento asociados comiendo como si no estuviéramos seguros de que podamos volver a llevarnos algo a la boca en el futuro. Así que ¿porqué deberíamos parar cuando todo el mundo sigue socializando a carrillo lleno atacando un plato tras otro?

El exceso sobrecarga el organismo

Además del agujero o agujeros extra del cinturón que tendremos que mover por los kilos que nos ponemos encima por ingerir más calorías de las que podemos quemar, los excesos de comida dañan al organismo también de otras maneras. Una digestión normal dura entre una y tres horas, pero si comes de tres a cuatro veces más de lo normal, además de ser productos más elaborados y ricos en grasas, puede llevar a tener una digestión de entre 9 y 12 horas. Esto significa una carga de trabajo para el organismo que no es fácil de asumir. El corazón necesitará bombear más sangre al estómago y a los intestinos para poder digerir la cantidad de alimentos y al no ser suficiente, muchos alimentos sin terminar de procesar se deslizarán hacia el colon donde empezarán a fermentar. Ahora imagina ese exceso durante un mes…

Después de una copiosa cena, por ejemplo, el sistema nervioso parasimpático se activa y estimula el cuerpo para digerir la comida y descansar. En estos momentos el páncreas produce insulina que a su vez conduce a un aumento de la melatonina y serotonina, hormonas que te hacen sentir somnoliento y feliz. Esto puede interferir con la producción de orexina en el cerebro, proteína responsable de mantenerte despierto y alerta, de vital importancia si debes volver conduciendo a casa después de la celebración.

¿Y que es lo que tengo que hacer entonces? ¿Esconderme en casa solo?

¡Pues no! Puedes seguir asistiendo a banquetes y celebraciones sin que acabes comiendo en exceso, aunque suene imposible. Escucha a tu cuerpo y si sientes que el botón del pantalón te está empezando a molestar, es hora de parar, o por lo menos, de hacer una pausa. Olvídate del “de perdidos al río” y no te excuses con que si ya te has pasado un poco no pasa nada por echar el resto. Aprende a disfrutar del acto social por la parte social. Evita la comida para picar, que siempre nos hace comer mucho más rápido y más cantidad, tómate tu tiempo y evita los posteriores arrepentimientos. Haz uso de toda esa fuerza de voluntad que has desarrollado durante todo el año con tus prácticas y entrenamientos y termina el año con sensación de que eres tu quien controla tu vida.

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