La mínima fuerza necesaria

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Hay una regla que recoge la Common Law inglesa, el derecho anglosajón derivado del sistema medieval que se aplica a los territorios con influencia británica, que te permite defender tus derechos, pero sólo de forma razonable. Amparado bajo esta ley, si alguien entra en tu casa y tienes una pistola cargada, tienes el derecho a defenderte, aunque lo conveniente es hacerlo en diferentes fases. Si estás tranquilamente disfrutando de la comodidad de tu sofá y la paz de la noche y se cuela alguien en tu salón lo ideal no es pegarle un tiro en la cabeza. En vez de disparar deberías gritar “¡Alto!, tengo una pistola”. Si no se consigue ninguna explicación o retirada, puedes considerar hacer un disparo de advertencia. Y si sigue avanzando, quizá sea necesario apuntar a la pierna. Sin ánimo de que me tomes como una asesoría legal, lo que quiero es mostrar un principio brillante por su simpleza y su utilidad a la hora de ajustar la intensidad de las reacciones: “Utiliza la mínima fuerza necesaria”.

Este principio debe ser el que rija nuestra práctica. Cuando practicamos con un compañero la situación que mostraba en el ejemplo se da de una manera similar. En el momento en el que estamos a la distancia de poder tocara otra persona, fácilmente se percibe como una invasión del espacio personal, aunque inconscientemente haya dado permiso para esa intrusión. Una vez “descubierta” esa invasión, es relativamente fácil sentirse con el arma cargada en la mano, amparado por el derecho que me permite usarla. Pero al igual que la “Common Law” que anima a usar la mínima fuerza necesaria, los textos clásicos, las “leyes” que controlan la práctica correcta del taijiquan, hacen múltiples alusiones a este mismo principio. El más claro es la referencia del Taijiquan Lun “La Teoría del Taijiquan”, diversamente atribuido a Zhang Sangfeng, Wang Zhouyue o Wu Yixiang que dice: “Considera el dicho cuatro onzas mueven mil libras. Obviamente esto no puede ser una victoria a través de la fuerza. Observa como un anciano resiste a una multitud. ¿Cómo puede ser debido a la rapidez?”. El uso de la técnica debe siempre superar al de la fuerza. Con una técnica adecuada, la mínima fuerza necesaria será el equivalente a cuatro onzas. Al hilo de esto, Yang Banhou, en su libro “Explicando los principios del taichi” dice lo siguiente: “En cuanto a la sutileza de cuatro onzas que mueven mil libras, ¿cómo podría tener tal habilidad si su pericia no ha alcanzado un estado transformado? Por lo tanto, se dice que debes reconocer cuando estás conectado con el oponente y, por lo tanto, obtener el arte de observar y escuchar atentamente”. Desarrollar la conexión y a través de ella, la capacidad de escucha debe ser el primer objetivo del practicante de taijiquan al realizar el trabajo en parejas. Sin esto, será imposible entender cuanto será la mínima fuerza necesaria y será bastante posible que rápidamente nos pongamos a pegar tiros haciendo que seamos nosotros mismos una de las posibles víctimas.

Y estas ideas las compartimos todos. Sobre el papel quedan perfectas y sin embargo, ¡qué fácil es ponerse a hacer agarrones y pegar tirones al hacer empuje! ¿Por qué la primera reacción al ver a alguien entrar en nuestra casa es apuntar a la cabeza y apretar el gatillo? Volviendo al libro de Yang Banhou, en el capítulo 23 sobre las técnicas secundarias del Taiji, o técnicas diagonales dice: “Si su técnica tiene muchos defectos, se verá obligado a utilizar las técnicas secundarias para compensarlos con el fin de recuperar una redondez centrada y una cuadratura cuadrada (ajustada). Incluso un principiante puede lograr esto con las técnicas de codo o golpe.” La destreza en el taijiquan estaría en solucionar los problemas con las técnicas primarias o energías cuadradas, peng, lu, ji y an. Las energías diagonales, cai, lie, zhou y kao, serían sólo consideradas correctas como una extensión del cuadrado, por ejemplo, aplicando el tirón, cai, sólo después de haber neutralizado mediante un desvío con lu y haber extendido al oponente en la estructura; o en situaciones de emergencia, cuando mi técnica no ha sido lo suficientemente hábil para mantener el cuadrado y emplearlas para recuperarlo. El uso de las energías diagonales lleva implícito una escalada de la fuerza, dejamos de dar avisos verbales y mostrar el arma o disparar al aire, para ponernos a pegar tiros al otro. Y una vez que se ha disparado el arma, ¿que podemos esperar de la respuesta del oponente? Una vez que las balas vuelan, se sustituye la conexión por el agarre, las neutralizaciones por tirones y el control del espacio por palancas o golpes… Mil libras tratando de mover mil libras. Nada ver que con la imagen del anciano resistiendo la multitud. El taijiquan Lun nos prevenía de esto diciendo “Hay muchos caminos hacia la destreza, pero a pesar de que usen diferentes poderes, para la mayoría no van más allá de que el fuerte avasalla al débil y la lentitud cede a la rapidez. El fuerte golpeando al débil y las manos lentas sometidas por las veloces son los resultados de las ventajas innatas y no de un poder bien entrenado”.

Yang Chengfu nos decía “Aquellos que aspiren a la maestría deben pasar por una serie de estadios con una duración apropiada de tiempo y, a pesar de que la guía de un instructor cualificado y el intercambio con amigos es necesaria, el elemento crítico es la práctica diaria regular. Uno puede discutir y analizar durante todo el día, contemplar durante años y todavía, seguir falto del gong fu necesario para superar a un adversario, recordará a un principiante que no ha trabajado ni un día”. Chen Yanlin en su libro Taiji compilado: Boxeo, sable, espada, lanza y combate, también nos hace un aviso similar “Las bases de cualquier kung fu se basan en prolongar el entrenamiento de los primeros pasos durante mucho tiempo para que cuando sea necesario aproximarnos a un oponente, uno busque los atajos inconscientemente. Entrena con una mano hasta alcanzar la habilidad con ambas manos. Al final uno será capaz de hacer esto sin ningún pensamiento. Pero si uno empieza con el método de sizheng tuishou (cuatro manos), él o ella será incapaz de hacer distinciones claras. Uno debe conocer y entender estos procesos de entrenamiento de empuje de manos.” Superar una serie de estadios, prolongar el entrenamiento de los primeros pasos… el hincapié está en desarrollar una base suficientemente fuerte como para no tener que usar las técnicas diagonales para compensar los errores. No subestimes los métodos de entrenamiento tradicionales. Están diseñados para desarrollar ciertas habilidades. Nunca se puede ser demasiado bueno en un ejercicio simple. Si te aburre, es que no has entendido realmente el foco y lo estás ejecutando de manera superficial. Gánate el derecho a practicar libre dominando lo reglado. Libre no significa que todo vale. Libre implica un contexto en el que probar las habilidades desarrolladas en los ejercicios con distintos niveles de incertidumbre. Si no eres capaz de aplicar esas destrezas, restringe la libertad hasta un nivel en el que puedas controlar. Si no haces eso, tus instintos primarios saldrán a relucir impidiéndote trabajar desde una conexión real y basarás tu técnica en las energías diagonales impidiéndote alcanzar un verdadero entendimiento.

La base es la claridad en el trabajo y la claridad se ha de entrenar. Un empuje claro no es un empuje fuerte ni un empuje veloz. Una neutralización clara no es aquella que se basa en velocidad o en agarres. La falta de claridad, la falta de conexión y por tanto de escucha nos impedirá aplicar el principio de la mínima fuerza necesaria y nos impedirá alcanzar la destreza real del taijiquan.

 

 

 

 

 

 

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