Viaje a Han Dan. Segunda parte

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Como se nos acumulaban los retrasos la comida fue un poco rápida y sin tiempo para pasar por el hotel a coger nuestras cosas, nos fuimos donde se supone que íbamos a recibir una clase del maestro Tian Jinlong, uno de los más reputados maestro de empuje de manos en China y el primero en realizar una tesis doctoral basada únicamente en el movimiento de taichichuan. En su época como competidor fue imbatido en empuje de manos y buscando nuevos retos se pasó a competir en Sanda donde también quedó campeón. Actualmente en su papel como entrenador ha entrenado a cuatro campeones nacionales de sanda y más de cuarenta campeones de empuje de manos.

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Cuando nos presentamos en el pabellón, ya sólo en el espacio se veía que la universidad nada tiene que ver con las escuelas. Tapices, zona de leitai, áreas de tuisou movil con los círculos marcados, Allí nos esperaba el maestro Tian, el rector de la Universidad, el Sr. Ma y un grupo de alumnos vestidos de galas y sedas. Nos hicieron sentarnos en unas sillas pegados al tapiz de competición y empezaron a hacernos una exhibición de formas de varios estilos con mano y armas con el sabor gimnástico típico de la universidad. Aunque no soy demasiado fan de ese tipo de movimiento, me pareció especialmente interesante la manera que tienen de entrar a tapiz y atraer la atención con su postura corporal antes de si quiera empezar a moverse en la forma.

Terminadas sus exhibiciones nos pidieron a nosotros salir y mostrar nuestro trabajo. Esta vez no andábamos demasiado preparados ya que íbamos con la idea de entrenar empuje, así que sin galas y con armas prestadas fuimos mostrando de nuevo lo que hacemos aunque aquí hubo algo de nervio y no todas las exhibiciones nos salieron al nivel que podíamos haber demostrado. No obstante salimos contentos y le dejamos satisfechos con la muestra.

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Después de todo esto, empezó la clase. El trabajo del maestro Tian está basado en tres movimientos en onda a través del cuerpo para aplicar la emisión de energía en el tuishou. Poco a poco, con paciencia y método nos enseño unas aplicaciones para realizar derribos y luego lo integró todo dentro de una formita muy interesante para practicar como si fuera un tipo de neigong. No fue en absoluto el método de enseñanza que se atribuye a los chinos de enseñar sólo algo superficial o de hacer la muestra una vez y allá te apañes.

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Terminamos la tarde con discursos, agradecimientos y por supuesto muchísimas más fotos y quedando para una cena oficial un poco después en los salones privados de nuestro hotel. El plan era invitar al maestro y al rector en agradecimiento a todo lo que nos habían mostrado. Así que tras un rápido aseo y vestirnos con nuestras mejores galas, que no eran demasiadas porque hemos venido a entrenar, nos plantamos en el salón. Había dos mesas redondas grandes y éramos 22 personas. Lo primero, antes de llegar era tener claro donde se iba a sentar cada uno, porque el protocolo aquí es fundamental.

En la mesa del fondo y en los sitios que miraban directamente a la puerta debían estar las personalidades, el Sr. Ma, y los Maestros Tian y Sam. El resto de asientos en esa mesa debían estar ocupados por los alumnos más importantes de Sam y el resto del grupo en la otra mesa, de manera que Maribel y yo nos quedamos junto a la presidencial, pero sin sentarnos todavía que no han llegado los que mandan. Así que por ahí andamos con porte digno y marcial haciendo tiempo hasta que aparecen las personalidades y empiezan a pelearse amistosamente para colocar cada uno al otro en el sitio más importante. Finalmente el rector acaba justo mirando a la puerta con Sam a un lado y Yanira al otro y Tian, junto a Sam. Nos sentamos el resto y a estar estirados como velas sin movernos aún teniendo la comida y el agua caliente delante hasta que no inicie formalmente la cena el Rector. Así va pasando el tiempo, charlando entre ellos, haciéndose cumplidos, mirando el móvil, mientras que el resto, bien instruidos practicamos nuestra cara de póquer y nuestra sonrisa de todo va bien. Finalmente el Sr. Ma nos indica que podemos comer y nos lanzamos todos a la carga. Todos los platos estaban muy buenos menos una cosa que parecían gusanos, aunque luego resultó ser otro tipo de bicho largo cortado en trozos y no nos decidimos si era serpiente, porque tenía muchísimos huesecitos o un tipo de pescado parecido a la anguila. Sea lo que fuere, no era muy tentador.

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Antes de empezar nos sirvieron una cerveza turbia que hacían en la universidad que entraba de vicio y según empezamos sirvieron unas jarritas de cristal pequeñas con un líquido transparente y un vaso de chupito para cada uno. Ese líquido era bai jiu, algo que se traduce como vino blanco aunque más bien es un orujo que mete unas patadas al estómago que hay que tener entrenamiento para aguantarlo. Cada comensal es responsable de que el chupito de las personas de su lado esté siempre lleno y cada vez que alguien quiere hacer un brindis, hay que bajarlo de un trago y darle la vuelta para mostrar al resto que has cumplido. Esto que puede resultar simpático es un problema cuando no se deja de brindar por cualquier cosa. En un momento te das cuenta de que no puedes seguir el ritmo porque has podido coger dos pinchadas de comida y llevas tres tiros de la bebida. La mente se empieza a agudizar y lo primero que haces es pactar con el compañero que los chupitos a partir de ahora se llenan a la mitad y cuando levantas el vaso lo medio tapas con los dedos para que parezca lleno. Luego ves que eso no es suficiente y si no mira nadie, aprovechas la taza de agua caliente para rellenar el chupito y que parezca que cumples. Maribel y Yanira sí podían, vertían el vaso en un cuenco de sopa para disimularlo. Aún así, no siempre te podías librar porque no todos los brindis eran desde la distancia. De vez en cuando, se levantaba uno de los chinos con la jarra en una mano y el chupito en la otra y se acercaba a cada uno de la mesa y mirándole a los ojos y levantando la copa te hacían beber y te volvían a rellenarte el vaso hasta arriba. Cada vez que uno de los chinos hacía esto se metía para el cuerpo 11 chupitos de seguido. Eso da una idea de su ritmo. ¡Y lo hacían más de una vez! En algunas ocasiones, la bajada del vaso completo no era con el chupito, sino con el vaso de tubo de la cerveza previo llenado hasta el borde y tampoco te podías escaquear porque se te quedaban mirando fijamente hasta que podías mostrar el vaso boca abajo. ¡Cambei!

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El alcohol y la fiesta fue fluyendo y como no habían dejado de hablar de taichi, Sam quiso mostrarles el currículum de cinco secciones. Maribel y Yanira hicieron la forma de parejas de mano con minifaldas, Maribel y yo la de parejas de espada con palillos y después las cinco formas a la vez con Sam haciendo la de Chen. La verdad es que fue la exhibición más divertida del día, o por lo menos en la que más nos reímos.

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Terminada la cena y las botellas de bai jiu, el rector dijo que el se encargaba de la cena de todos. Debía tener una tarjeta black china. Agradecidos, llenos y con el espíritu elevado, unos cuantos decidimos volver a repetir el paseo del día anterior antes de irnos a la cama.

Se supone que íbamos a tener una salida relajada, a las 9 salía el autobús, pero Maribel y yo estábamos en pie de madrugada, así que salimos a buscar un sitio donde entrenar al aire libre. La primera impresión al salir fue querer volver a entrar por la bofetada de calor y humedad que ya había a esas horas pero nos animamos a intentarlo. Vimos una zona con árboles y tratamos de entrar pensando que era un parque pero al final no eran más que fincas asilvestradas cerradas. Seguimos andando y andando y vimos el campus de la universidad, pero estaba cerrado a esas horas, así que al final volvimos a la habitación y como era grande sobra aprovechamos para practicar un rato hasta el desayuno.

El viaje de autobús se hizo más largo todavía que a la vuelta aunque duró lo mismo, pero el cansancio bajaba el nivel de tolerancia. El sitio donde paramos a comer provocó un rechazo por los olores a casi todos los del grupo, así que optaron por comprar cosas en el supermercado y seguir de viaje. A las siete de la tarde llegamos a nuestro destino, cansados y con tripotera de guarrerías y la cena nos esperaba. Ya sólo nos quedaban unas horas para descansar antes de empezar al día siguiente a las 5 de la mañana, porque cada vez hay más material que cubrir en el repaso general. El próximo día amenaza con más y mejor entreno.

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