Prevención y cuidado de la Salud durante las cuatro estaciones

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Hace más de 4000 años que los médicos de la antigüedad en China, en su prolongado combate contra las enfermedades y en su continua preocupación por prevenir, mantener y devolver el estado de salud a sus pacientes, observaron que, en el mundo exterior, la actividad del organismo se relacionaba directamente con los cambios naturales de las 4 estaciones, con los puntos cardinales y con el propio hábitat; mientras, en el mundo interior, dicha actividad se vinculaba a los 5 órganos (Bazo, Riñón, Hígado, Pulmón y Corazón) y a sus respectivas vísceras o Entrañas parejas (Estómago, Vejiga, Vesícula Biliar, Intestino Grueso e Intestino Delgado), a los órganos de los sentidos, a las estructuras corporales (huesos, tendones, músculos, vasos y piel), a las 7 emociones (ira, alegría, melancolía, preocupación o reflexión, tristeza, pánico o miedo y susto) y a otros sistemas interrelacionados tanto fisiológica como patológicamente. Y todo este legado del saber del hombre antiguo, todos estos conocimientos sobre astronomía, meteorología, biología, geografía, fisiología, e incluso psicología y matemáticas, fruto de su incesante observación y experiencia, quedó recogido y registrado –tras la gruesa labor de un conjunto de médicos anónimos durante período de los Reinos Combatientes y el período Qin-Han – en la que hoy en día se califica como la obra más importante e influyente de la Medicina Tradicional China (ya que fue la responsable de establecer las bases de su sistema teórico): el Huang Di Neijing o Primer Canon del Emperador Amarillo (S.III a.C.)

Según esta milenaria obra, los cambios que ocurren en la naturaleza se manifiestan a través de las 4 estaciones, de la misma manera que los cambios que se producen en la actividad del hombre, los cuales se expresan igualmente conforme a dichas estaciones. Esta teoría del cambio de la actividad de acuerdo a las 4 estaciones constituye uno de los pilares teóricos fundamentales sobre los que se asienta la Medicina Tradicional China en relación a su fisiopatología, su fisiología, su diagnóstico, su tratamiento, e incluso la profilaxis de la misma; además de conformar uno de los supuestos teóricos más importantes sobre los que descansa el método que conocemos como Yang Sheng Zhi Dao, o Método para Alimentar y Cultivar la vida. Creado por los hombres sabios de la Antigüedad en China (Sheng Ren), y del cual se habla detalladamente en el Huang Di Neijing. Pues bien, de acuerdo a esta teoría, el Yin y el Yang en la naturaleza se rigen por una ley de cambio, de crecimiento y de debilitamiento en forma secuencial que, por ende, da lugar al nacimiento de las 4 estaciones (primavera, verano, otoño e invierno). Y los seres vivos, al estar en contacto directo con la naturaleza, reciben igualmente la influencia de ésta experimentando todos sus cambios. Lo cual implica que el hombre, como ser vivo integrante de la naturaleza, también se ve afectado ineludiblemente por estos cambios en su actividad vital acorde, por tanto, al ciclo de las 4 estaciones.

Dice el Primer Canon del Emperador Amarillo (en su cap.2, perteneciente al Suwen) que: “en la primavera el cambio que se produce es de Sheng (nacimiento-crecimiento), a lo largo del verano dicho cambio es de Chang (desarrollo-florecimiento), durante el otoño éste es de Shou (concentración) y, por último, con la llegada del invierno, tal cambio es de Cang (acumulación-almacenamiento)”. Y siguiendo las indicaciones que los antiguos hombres sabios y virtuosos nos dejaron en su Método para Alimentar y Cultivar la vida (Yang Sheng), cuyo principal objetivo era el de preservar la salud y alcanzar la longevidad (“ya que el hombre sagrado no efectúa el tratamiento cuando la enfermedad ya está formada, sino que la previene; no trata el desorden sino que lo evita), con la llegada de las 4 estaciones y sus correspondientes cambios, el hombre deberá considerar lo siguiente:
“Durante la primavera y el verano ha de nutrir a Yang; puesto que la energía Yang de la naturaleza crece y se fortalece, el hombre deberá proteger la circulación del espíritu y realizar actividades en el exterior para alimentar a Yang, que se ubica en el exterior. Por lo que para favorecer los procesos de crecimiento y desarrollo del interior del organismo también tendrá que alimentar el Yang.
A lo largo del otoño y el invierno, sin embargo, el hombre deberá nutrir a Yin, puesto que el Yang de la naturaleza se concentra y almacena en el interior del organismo, de la misma manera que los frutos (semillas) se almacenan en la tierra; por lo que la actividad vital ha de reducirse, regularse y concentrarse en el interior”.

Por tanto, y teniendo en cuenta lo que esta milenaria obra nos muestra en sus primeros capítulos, el Ying y el Yang de las 4 estaciones son la base del cambio de todas las cosas, motivo por el cual los “hombres sabios, sagrados y virtuosos” prestaron especial atención a nutrir el Yin durante el invierno y el otoño y alimentar el Yang durante la primavera y el verano. Pues adaptarse a la naturaleza y a sus respectivos cambios es la mejor forma de proteger las leyes de crecimiento y desarrollo. Ya que si estas leyes se invierten, consecuentemente se modificarán las leyes de la vida, lo cual terminará por afectar a la energía verdadera o Zheng Qi (es decir, lo que entendemos como sistema inmunitario).

Se dice que “los cambios de Yin y de Yang, del cielo y de la tierra, así como de las 4 estaciones, son el principio y el final de todas las cosas y la base de la vida. Por lo que invertir esta ley, como hace el neófito, puede ser peligroso; pero estar acorde con ella, como hace el hombre sagrado, nos protege ante cualquier enfermedad grave”.

martafirma

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