El valor de un compañero

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En muchas ocasiones no somos conscientes del tesoro que tenemos cuando hay alguna persona que quiere entrenar con nosotros para que nuestro trabajo sea más que la suma del de dos personas por separado. Un compañero con el que practicar, con el mismo deseo de mejorar, que conoce el mismo material y que no falta  a ningún entreno es un regalo que no se debe tratar a la ligera.

Cuando nuestra práctica se enfoca en la parte marcial, o por lo menos la explora, no es posible desarrollarla de manera individual. Un persona que trabaja sólo la parte individual del Tai Chi, realizando formas, es como un boxeador que sólo va a al gimnasio a hacer sombra. Evidentemente no se puede decir que esa manera de entrenar carezca de valor ya que en el momento en el que nos levantamos del sofá ya empezamos a tener beneficios, pero además de que estos no serán completos, siendo estrictos, no podríamos llamar boxeador a uno, ni practicante de Tai Chi Chuan al otro.

Una vez conscientes de que hay que realizar  una práctica completa, esta no se puede hacer sin otra persona que nos preste su cuerpo y sus habilidades para que entre los dos, subamos al próximo nivel. Un buen compañero es el que te permite y ayuda a explorar, experimentar y mejorar. La relación está basada en un deseo sincero por parte de ambos de ofrecer un laboratorio para el otro en el que poder diseñar experimentos de manera controlada en el que aprender nuevas técnicas y superar dificultades. Para que mi compañero dé lo máximo de sí para mí desarrollo, yo he dé dar lo máximo de mí para el suyo.

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Estos son algunos puntos que deberíamos tener presentes en beneficio del trabajo colaborador.

  • Escuchar. Estar atento a lo que mi compañero me pide. Está estableciendo las condiciones en las que quiere explorar algo y es su turno. Puede querer un puño de la mano derecha o de la izquierda, estar con la misma guardia o cambiada, hacer desplazamientos,… cuanto más atento esté a lo que me dice, mejor podré hacer lo que me pide.
  • Hacer: Ejecuta sólo lo que te están pidiendo, no te pongas creativo a no ser que sea lo que te pidan. Si es un empuje al pecho, empuja al pecho, no al hombro. No te ajustes a las nuevas condiciones, si la otra persona está explorando, dale tiempo manteniendo la energía original para que vea qué está bien y que es mejorable. Mantén las cosas con una energía adecuada al nivel al que se esté explorando.  Ya habrá tiempo para explorar cambios, velocidad  e intensidad.
  • Respetar. Controla los turnos, no te aproveches de una persona con ganas de agradar o con menos habilidades. Establece una manera de repartir el tiempo de manera equitativa con un cronómetro o con un número de intentos por persona para hacer los cambios.
  • Saca partido a las diferencias. Nuestro compañero no tiene por qué tener nuestras habilidades aunque comparta nuestro entusiasmo. Esto lejos de ser un problema, lo podemos convertir en una ventaja. Si mi compañero sabe más, evidentemente aprovecharé sus conocimientos y sugerencias para aprender más rápido. Si mi compañero sabe menos, me obligará a ser más claro técnicamente, a no dar nada por supuesto y a ir más allá de automatismos para poder explicar claramente lo que necesito.
  • Proteger. Sé siempre progresivo a la hora de practicar. Ve de menos a más. La técnica siempre prima sobre la fuerza o la velocidad. Es inevitable que en algún momento sucedan accidentes, pero es cierto que la mayoría de las veces un accidente se puede evitar por que es el resultado de un exceso de entusiasmo mal canalizado o una falta de control. Cuando empezamos a practicar una técnica que no nos es familiar o en la que no tenemos destreza, el “atacante” debe ir con el control suficiente para poder frenar si a su compañero no le saliera algo bien. El “defensor” debe tener control para realizar la técnica marcando sin golpear, luxar o proyectar si no se ha pactado de antemano. Un mal golpe o una mala caída tiene unas consecuencias que no somos capaces de mesurar. Una lesión puede retirar a un compañero del entreno por una temporada haciéndole perder tiempo de práctica, sufrirá dolores que le harán como mínimo vivir incómodo durante el tiempo de recuperación, puede afectar al trabajo con el que se gana la vida, al dejar de entrenar afectará al funcionamiento del grupo de entrenamiento y a los ingresos del profesor que también vive de esto y por último, puede perder la confianza en ti para poder seguir trabajando juntos en un futuro.
  • Proporción. Un compañero de práctica no es sólo un compañero de juegos. Hacer sólo empuje libre sin dar tiempo a analizar los fallos y sacar partido al entreno es no sacar provecho al tiempo con compañero. Intenta que como mínimo en tu tiempo de estudio en pareja sea al menos la mitad pactado y analizado y la otra mitad libre o con ciertos grados de libertad.

Así que como reza el dicho, “Quien tiene un amigo, tiene un tesoro”, si consigues a alguien con quien entrenar, cuídalo como tal.

 

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