El qigong mejora la calidad de vida en los pacientes con cáncer de pecho con radioterapia

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Investigaciones del Centro Oncológico de la Universidad de Texas han encontrado que el qigong, una ancestral práctica que integra mete y cuerpo, reduce los síntomas depresivos y mejora la calidad de vida en las mujeres sometidas a radioterapia por cáncer de pecho.

El estudio, dirigido por el Dr. Lorenzo Cohen, publicado en la revista Cáncer, es el primero en examinar el qigong en pacientes que están recibiendo radioterapia e incluye un periodo de seguimiento para evaluar los beneficios en el tiempo. A pesar de que las prácticas de actividades que integran mente-cuerpo como la meditación y la imaginación guiada parecen reducir aspectos de la angustia y mejorar la calidad de vida, sigue habiendo dudas sobre su efectividad cuando se realiza en conjunto con la radioterapia.

“Nosotros estamos también particularmente interesados en ver si el qigong podría beneficiar a pacientes que experimentan síntomas depresivos al iniciar el tratamiento”, afirma el Dr. Lorenzo Cohen, profesor en el Departamento General de oncología y Ciencia del Comportamiento del Centro Médico Anderson y director del Programa de Medicina Integrativa. “Es importante manejar el estrés para los pacientes de cáncer porque puede tener un gran efecto negativo en los sistemas biológicos y en los perfiles inflamatorios”.

Para el ensayo, Cohen, el autor y colaboradores, reclutaron a 96 mujeres con cáncer de pecho en estadíos 1-3 del centro oncológico del hospital universitario de Shanghai Fudan, en Shanghai, China. 49 pacientes elegidos aleatoriamente se asignaron a un grupo de qigong consistente en una clase semanal de 40 minutos durante las cinco o seis semanas que duraba la radioterapia, mientras que 47 mujeres del grupo control, recibían el tratamiento estándar.

El programa incorporaba una versión modificada del qigong médico consistente en sincronizar la respiración con diferentes ejercicios.

Los participantes en ambos grupos completaron evaluaciones al inicio, en mitad y al final de la radioterapia y después, pasados uno y tres meses. Se midieron diferentes aspectos indicadores de la calidad de vida incluyendo síntomas depresivos, fatiga, problemas de sueño y calidad de vida en general.

Los resultados fueron surgiendo con el tiempo. Los pacientes en el grupo de qigong reportaron una disminución constante en las puntuaciones de síntomas depresivos, comenzando al final de la terapia de radiación con una puntuación media de 12,3, y después de los tres meses de seguimiento posterior a la radioterapia, mostraron una puntuación de 9,5. No se observaron cambios en el grupo de control con el tiempo.
El estudio también encontró que el qigong fue especialmente de ayuda en mujeres que mostraban una línea base de síntomas depresivos alta. Cohen afirma:

“Hemos examinado los síntomas depresivos de las mujeres al inicio del estudio para ver si las mujeres con niveles más altos obtendrían más beneficio. De hecho, las mujeres con niveles bajos de síntomas depresivos al inicio de la radioterapia tienen buena calidad de vida durante el tratamiento y tras los tres meses de seguimiento, hayan estado en el grupo de qigong o en el control. Sin embargo, las mujeres con los peores niveles en síntomas depresivos, fatiga y calidad de vida, mejoraron de forma significativa entre las integrantes del grupo de qigong”.

Como los beneficios del qigong se han mantenido después de la conclusión del tratamiento, los investigadores sugieren que el qigong puede prevenir la aparición de síntomas que aparecen con retraso o agilizar el proceso de recuperación, especialmente para mujeres con elevados síntomas depresivos al inicio de la radioterapia.

Cohen señala que el efecto retardado podría explicarse por el carácter acumulativo de estas actividades, y porque los beneficios a menudo toman tiempo para hacerse visibles.

Los autores encuentran ciertas limitaciones al estudio, incluyendo la ausencia de un grupo de control activo para saber si las mejoras del grupo de qigong estaban influenciadas por las expectativas del paciente o por el simple hecho de realizar un ejercicio suave. Además, la homogeneidad del grupo, compuesta por mujeres chinas, limita la capacidad de extrapolar los resultados a otras poblaciones.

Es necesaria más investigación. De acuerdo con los autores, los hallazgos confirman otros experimentos anteriores que examinaban los beneficios del qigong, pero todo es muy preliminar para ofrecer recomendaciones clínicas. Es necesario más trabajo para entender los posibles mecanismos biológicos involucrados y seguir explorando el uso del qigong en poblaciones con diferentes etnias y distintas formas de enfermedad.

Este trabajo se ha realizado a través de subvenciones del Instituto Nacional del Cáncer (EEUU). Los autores no tienen conflictos de interés que informar.

Además del Dr. Cohen, los autores del artículo son: Zhongxing Liao, M.D., Departamento de Radiación de Oncología; Qi Wei, Programa de Medicina Integrativa y Kathrin Milbury, Ph.D., Departamento de Ciencia del Comportamiento. Otros autores incluidos son: Zhen Chen, M.D., Jiayi Chen, M.D., Zhiqiang Meng, M.D., Ph.D., Wenying Bei, M.D., Ying Zhang, Xiaoma Guo, Luming Liu, M.D., Ph.D., todos del Hospital Oncológico de la Universidad de Fudan; Jennifer McQuade, M.D., Hospital Universitario de Pensilvania; Clemens Kirschbaum, Ph.D., Universidad Tecnológica de Dresden; y Bob Thornton, Merck & Co., Inc.

 

Puedes ver el artículo original en el siguiente enlace.

 

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