El Arte de la Relajación

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Quizá el eslogan más popular a la hora de anunciar una clase de taichí es describirlo como “El Arte de la Relajación”, pero ¿qué significa realmente esto? Hay un error de concepto a la hora de interpretar esta frase. Vivimos en un mundo estresante tratando de cumplir en todo momento expectativas, presionados por la vida familiar, laboral, situación social y económica y buscamos un contrapunto que compense dándonos un tiempo para nosotros, para relajarnos y disfrutar olvidándonos de todo. Según empezamos a practicar parece que lo que encontramos confirma lo que pensábamos. Cuando hacemos nuestras formas, baja el ritmo, respiramos tranquilos, se calma la mente y vemos que “realmente me relajo mucho haciendo las formas”. Pero según vamos profundizando en la disciplina, aparece la práctica del tuishou (empuje de manos), dashou (manos que golpean), formas de parejas, armas,… nos damos cuenta de que “el Arte de la Relajación” es realmente aprender a relajarte bajo la tensión, bajo una situación de urgencia ante una amenaza.

Los ejercicios que se plantean en clase nos aportan situaciones de emergencia controladas y seguras. Según adquirimos destreza se van integrando con ejercicios más complejos que implica hacer cosas a pie móvil, aumentar la incertidumbre dando grados de libertad o aumentar el nivel de emergencia subiendo la intensidad, pero siempre con el objetivo de relajarnos bajo la presión.

Parte del aprendizaje es dejar que nos muevan y aguantar que nos golpeen sin perder la confianza en nuestra habilidad para recibir. Esto no es relajarse para compensar lo que nos pasa en la vida, sino relajarse bajo las condiciones de la vida. Es un hecho innegable que la vida nos va a golpear y la cuestión es cómo poder estar ahí, aceptarlo y moverme con ello. Si luchas y resistes todo el tiempo o si evitas o pospones siempre el conflicto, será cuestión de tiempo que te supere. En algún momento hay que encajar el golpe. La clave está en tener las habilidades que nos permitan poder sacar partido a ese contacto y sólo lo podemos hacer a través de un uso correcto de los principios sobre una estructura relajada. Esta manera de pensar va más allá del combate, nos lleva hasta los niveles más profundos del crecimiento personal, del camino a la iluminación.

El crecimiento personal no se basa en huir de la vida o encontrar situaciones perfectamente aisladas en las que poder ser un buda, sino ser capaz de mantener tu centro en medio del matrimonio, en cuestiones laborales, en medio de una crisis social, política o económica. La iluminación la alcanzaremos cuando mantengamos nuestro centro en medio del caos total. Esta es la gran lección que podemos aprender sobre “el Arte de la Relajación”, conocer nuestras fortalezas y debilidades, aprender a confiar en los principios y por ello, ser capaces de relajarnos en el caos.

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