Cuento Chino. Los cuatro alumnos

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Cuenta la leyenda que cuatro jóvenes se presentaron a la puerta del templo de Shaolín. Los cuatro querían aprender los secretos del Kung Fu, y convertirse en guerreros.

El primero de ellos tenía mucha habilidad física. Podía correr, saltar y trepar con mucha facilidad. Tenía fuerza y no le faltaba flexibilidad. Captaba cualquier movimiento y lo reproducía sin esfuerzo.

El segundo era un gran estudiante de todo lo relacionado a las artes marciales, leía muchos libros de tácticas y estrategias de la guerra. Era inteligente y entendía cualquier concepto que le explicaran. Razonaba todo y lo relacionaba con rapidez.

El tercero tenía mucho valor. Deseaba por encima de todo que su nombre figurase en las tablas de Shaolín. Hacía cualquier cosa para demostrar que él podía superar cualquier obstáculo sin acobardarse.

El cuarto no poseía habilidad alguna.

Los cuatro fueron admitidos y comenzaron su preparación, pero el mismo día del ingreso, el abad del templo mandó preparar la ceremonia para sólo uno de ellos.

El tiempo iba pasando y el primero de los jóvenes se lesionó como consecuencia de unas malas prácticas y trabajo en exceso forzando los límites del cuerpo, y tuvo que abandonar.

El segundo estudiaba tanto que no le quedaba tiempo para practicar y con el tiempo también tuvo que abandonar.

El tercero estaba tan enfrascado en su búsqueda de reconocimiento que su trabajo era incompleto y sólo se dedicaba a lo que sorprendiera a los demás, olvidando las cosas sencillas y poco vistosas que no llaman la atención pero que suponen la base de todo. Estas lagunas en la base acabaron haciendo que también tuviera que abandonar.

El cuarto, que no tenía ninguna habilidad, pudo adquirirlas todas juntas, y acceder al entrenamiento.

Sólo lo vacío se llena. Si uno está lleno, debe vaciarse para poder llenarse nuevamente.

 

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