Cuaderno de bitácora 6. Un día de entreno

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Los días van pasando y el cansancio se va acumulando. Las jornadas son muy largas y no todo el mundo las aguanta de la misma manera. No sólo es necesario estar en una buena condición física, sino también mental para poder absorber la mayor cantidad de conocimientos por lo que ahora se ve lo importante que era haber realizado una buena preparación previa al viaje.

El entrenamiento comienza a las 5 de la mañana en una explanada en frente de nuestro edificio por lo que Maribel y yo estamos en pie a las 4 para poder tomarnos algo de desayuno en la habitación y ducharnos para desperezarnos y quitar de encima los últimos rescoldos de sueño. Café y barrita de proteínas es lo mínimo necesario para poder arrancar. Van a ser unas horas de entreno y llevamos desde las 19 del día anterior que terminamos la cena sin comer nada más. A esas horas solemos empezar con la niebla producida por las nubes enganchadas en las cimas de las montañas. La primera sesión está enfocada en repaso general del currículum, pero es tanto lo que tenemos que hacer, que ningún día hemos podido pasar por todo. Cada mañana nos enfocamos más en alguna parte y aunque esta sesión no suele ser para hacer instrucción, no faltan los momentos en los que Sam aprovecha para desarrollar algo más o hacer llamadas de atención para integrar lo que hemos ido viendo.

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El primer día nos colocamos todos como el ejército de Pancho Villa, en posiciones aleatoria y charleta relajada hasta que Sam nos dejó claro de que el plan era otro. Estábamos en China e íbamos a comportarnos como chinos (en lo bueno, porque también tienen muchos ejemplos de lo malo). Así que aprendimos a colocarnos en formación y los espacios requeridos para cada trabajo. Como movernos cuando cambiábamos de ejercicio o teníamos que ir a por armas. Como entrar y salir de la zona de entrenamiento o de exhibición si fuera el caso. Tras unos primeros días algo despistados, esta parte del entreno se ha convertido en algo tan normal que según llegamos a las 5, todo el mundo va a su sitio directamente, en silencio y con porte marcial para empezar diligente con la práctica.

A las 7.30 tenemos el desayuno al que llegamos con hambre voraz. Se echan de menos algunos tipos de alimentos pero desde luego hay cantidad más que de sobra y variedad para cumplir con todos los requisitos nutricionales. No falta nunca en mi desayuno un buen plato de verduras, algo de carne y uno o dos huevos duros para poder aguantar el siguiente bloque.

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A las 9:30 nos juntamos de nuevo para entrenar hasta las 12:00. Esta sesión de momento está centrada en el Dashou o Manos que golpean. Este trabajo complementa y completa el Tuishou o Manos que empujan y está desarrollado a través de unos ejercicios llamados Puños encadenados. Estos ejercicios están diseñados para entrenar las habilidades de ataque y defensa y extender el empuje de manos a situaciones de uso práctico.

A estas horas el sol ya está dando fuerte. Hay que tener en cuenta que a las 4.30 ya está amaneciendo. La práctica en esta ocasión la solemos hacer bajo una carpa o en el ático del hotel que está en construcción y está techado pero sin paredes por lo que se puede disfrutar de vistas y brisa.

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A las 12 vamos a comer y tenemos el descanso más largo, hasta las 15.00. La mayoría de la gente aprovecha para dormir un rato pero yo prefiero quedarme relajado en la habitación, repasando apuntes, escribiendo crónicas u ordenando todos los vídeos que voy tomando.

A las 15:00 comenzamos de nuevo. La tercera sesión está centrada en ir avanzando en el Yang Baduajin. Como otros estilos de Baduanjin, el del estilo Yang tiene 8 secciones, pero sus ejercicios no tienen nada que ver con la versión popular. Su ejecución proporciona no sólo un excelente calentamiento, sino que mejora considerablemente la fuerza y flexibilidad y prepara al cuerpo para el tipo de movimiento que se realizará en la ejecución de las formas y práctica de aplicaciones. La rutina tiene unas partes más o menos estandarizadas y otras que dan juego al practicante para desarrollar algunos temas por su cuenta, jugar con movimiento libre o enfatizar aspectos de su práctica. La rutina básica lleva algo más de una hora practicarla y se puede alargar lo que las energías o paciencia permitan pudiendo ser un entrenamiento completo en si mismo.

Esta sesión la solemos realizar en el tejado o en una zona un poco metida en la montaña que llamamos la pagoda.

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A las 18:00 tenemos la cena y pausa hasta las 19:30, cuando empieza nuestra última sesión del día, la que más cuesta y con menos energías afrontamos. Por eso y muy a nuestro pesar, Sam deja lo más activo para este momento, el trabajo de las 13 fuerzas en las armas, que de momento hemos centrado en daga y sable. Este entrenamiento requiere mucho trabajo de parejas y en general con protecciones por lo que hay que andar espabilado para poder seguirlo y no llevarte golpes de más. El razonamiento tiene lógica, si hace en este momento algo de forma o qigong, nos dormimos, pero eso no consuela demasiado algunas noches. Esta sesión es siempre en un salón que tenemos en nuestro edificio de manera que casi podemos dejarnos caer según terminamos a las 9:30 en nuestras camas, agonizando lentamente y tratando de recuperar fuerzas para sobrevivir un día más a otras 10 horas de entreno… ¡Esto es Espaaaartaaaa! No, perdón, ¡Esto es Chiinaaaa!

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