Cuaderno de Bitácora 2

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Después de una noche complicada por no estar todavía acostumbrado al horario, amanece con la esperanza de un día más aprovechable en cuanto al tiempo. De momento no llueve, así que un te para activar el cuerpo, duchan para desentumecer y de camino al parque. Se nota que hoy pinta mejor el día porque ya está lleno de gente jugando al badminton, haciendo ejercicio, paseando o practicando qigong, taiji y otras disciplinas de wushu que no acierto a reconocer. Después de un paseito por dentro del parque y coronar una colina con una pequeña pagoda, volvemos a la explanada para nuestros ejercicios. Hoy hay mucho más ambiente y no tenemos a nadie que nos siga, pero si muchos se paran a mirar y unos cuantos a tirarnos fotos y a sacarnos en vídeo. ¿Tendrán la misma sensación que si viera yo a un grupo de chinos practicando un pase de pecho en el parque del Retiro?

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Después de quedar satisfechos con la práctica matutina volvemos al hotel para el desayuno de los campeones que no puede ser de otra manera que meterse entre pecho y espalda tres platos con sopa, pasta, empanadillas, verduras,  bollos con soja dulce,… y café que las raíces tampoco hay que perderlas del todo.

Comenzamos el plan matutino con atascos y colas para llegar a la ciudad prohibida. El lugar es impresionante construido a unas escalas ahora inconcebibles. Sin embargo, la cantidad de gente le restaba mucho encanto. El horizonte estaba poblado de banderines de guías, sombrillas y palos de selfies. No obstante, es sin duda una visita obligada aunque se hubiera agradecido más pausa.

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Después de nadar en la abundancia de la realeza, pasamos a dar un paseo por lo que queda de las barriadas tradicionales (hutong). Casas rústicas y algo destartaladas con el encanto del caos chino. No tiene nada que ver lo que tuvo que ser ya que es un reclamo más para el turista pero sin duda ha sido una buena manera de terminar la mañana antes de comer en un típico restaurante fuera del circuito guiri.

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El reposado de la comida ha sido viendo en un museo el proceso de elaboración de la seda. ¡Ay si hubiera sabido que hacer con todos los gusanos que he tenido…! Este viaje habría sido en business.

Volvemos a salir de la ciudad en ruta para el Palacio de verano. De nuevo el tráfico alarga el viaje, pero merece la pena. El problema es que esta “Granja de San Ildefonso” china vuelve a resultar demasiado grande para poder disfrutarla en apenas dos horas. Vamos cogiendo la sensación de los viajes turísticos de “Europa en 7 días”. Desde luego hay que volver para dedicar tiempo de sobra a cada uno de los lugares.

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Si a las idas tuvimos tráfico, la vuelta, coincidiendo con la salida del trabajo de dos mil millones de chinos fue como una procesión de semana Santa equivocada de fecha. Sólo faltaba que algún chino se arrancará de vez en cuando a cantar una saeta. Al final, no se si gracias a la Virgen del Rocío, o al Buda feliz, llegamos al hotel cumpliendo un día más y reduciendo la cuenta atrás para comenzar el entrenamiento.

Mañana nos espera un día largo de viaje para llegar a la montaña.

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