Cuaderno de Bitácora 1

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Hace unos cuantos años estuve de viaje de entrenamiento en México durante tres meses y traté de llevar un diario de la experiencia vivida. Ahora repito en China acompañado de tres alumnos y compañeros de práctica y tengo la intención de repetirlo. Ya veremos si el tiempo, el cansancio y las obligaciones me lo permiten…

Llegamos a Beijing el día 27, con nervios pero mucha ilusión con la idea de pasar tres días en la ciudad empezando a empaparnos de la experiencia cultural y por ahora no sólo nos hemos empapado de eso. Parece que las tormentas no nos van a abandonar de momento. El primer día pudimos salir a pasear unas horas por la plaza de Tiananmen, la zona comercial de Wangfujing y por supuesto callejear por la famosa zona de los puestos de comida “rápida” basada en escorpiones, caballitos de mar, estrellas de mar, larvas y otras exquisiteces.

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Terminamos el día reventados y con unas cuantas compras hechas, cena y a descansar. Como el entrenamiento empezará a las 5:30 de la mañana nos ponemos el objetivo de superar el jetlag con ese horario, así que nos despedimos hasta las 5:30 de la mañana siguiente para ir a practicar al parque antes de salir de ruta turística.

Martes 28.

No vamos a empezar con mal pie, así que puntuales nos proponemos salir y ya empezamos con tormentas. Tratamos de buscar un hueco en el hotel, pero no hay ninguno de nuestro agrado con la suerte de que acaba escampando y nos vamos al parque. Posiblemente por  la lluvia no está tan concurrido como debiera. Nos instalamos en una zona amplia y empezamos con nuestro calentamiento y qigong mientras algún despistado pasea por la zona. De pronto una anciana se acerca disimuladamente, se pone a nuestro lado y empieza a imitarnos… Otro joven se aproxima hasta ponerse casi encima y se queda plantado mirando fijamente, a otro lado un señor hace unos ejercicios relajados de calentamiento. Seguimos avanzando en nuestra práctica y la señora no se despega ni el otro deja de mirar. Dejamos el qigong y seguimos con taichi, la forma larga. Ahí la señora nos siguió un rato más pero acabó desistiendo y se puso a hacer 24. El mirón se fue a mirar a otra parte pero se plantó otro a calentar mirando hacia los españoles y al rato se puso a hacer xingyiquan. Un par de personas más haciendo las 8 joyas por separado,… que bien se estaba. Terminamos haciendo un poco de sanshou y finalmente a desayunar, que la guía nos esperaba a las 9 en el hotel.

Plan del día: muralla, palacio de verano, museos locales,… De momento no llueve, pero nos cuesta salir de la ciudad por el atasco. Cuando llegamos a la muralla ya estaba todo el cielo encapotado y una mezcla de niebla y llovizna. La subida en teleférico se agradece porque así se puede andar más por la muralla. Y andar, y andar,… hasta llegar al final de la parte restaurada por escaleras tan escarpadas que a veces parecía más escalada que caminata. Como premio por alcanzar la meta comienza la lluvia y después el diluvio. Conseguimos volver calados y empezamos a plantear la rendición turística, pero nos animarnos a comer en la zona y empezamos con la dieta china que tendremos durante un mes.

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Decidimos hacer un poco de tiempo para ver si acaba abriendo viendo una ceremonia de te, haciendo catas y por supuesto, como buen turista, comprando un poco y como no parece que esto se vaya a arreglar, atasco de nuevo de vuelta hasta el hotel donde esperamos con ansia el nuevo día mirando al cielo rezando para que mañana haga mejor.

El tráfico en esta ciudad es un caos. Coches, motos, motocarros y peatones comparten con descaro y sin vergüenza espacios y tiempos. Ya había vivido la experiencia como peatón, pero como pasajero de un coche pilotado por un oriundo es como poco inquietante.

Mañana más y mejor.

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