Creando una nueva vida

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En breve entraremos en un nuevo año. Las navidades, además de época de festejos reuniones, es el momento de revisar lo que hemos hecho durante la temporada y lo que queremos cambiar para el año que nos llega. Pero todos nos conocemos y sabemos que las buenas intenciones generalmente caen en saco roto. Si queremos tener éxito en implantar cambios en nuestra vida tenemos que tener en cuenta que una cosa son deseos y otra objetivos. Los deseos tienen un componente emocional y mucha ambigüedad y es fácil dejarlos de lado por otras cosas que nos preocupan más y resultan más prioritarias. Los objetivos, sin embargo, es algo más, forman parte de un plan. Crean una hoja de ruta que nos permiten llegar a nuestro destino. Un sueño se convierte en un objetivo en cuanto emprendemos una acción para lograrlo. Para establecer objetivos de manera correcta tenemos que hacerlo de una determinada manera, ya que así tendremos más garantías de alcanzar nuestro destino.

Los objetivos deben ser claros. Es muy importante saber si se cumplen o no se cumplen. “Adelgazar” no es un buen objetivo ya que no es lo mismo perder 100 gramos que 5 kilos. “Encontrarme mejor”, es un buen deseo, pero un mal objetivo ya que hay muchas cosas que influyen en “encontrarse mejor” y no todas dependen de nosotros. Tenemos que establecer claramente en qué consiste “encontrarse mejor”. Veremos algunos ejemplos de cómo hacerlo en el punto siguiente.

Los objetivos pueden ser de resultado o de realización. Los primeros, como su nombre indica tienen que ver con un resultado concreto, por ejemplo, con la idea de “encontrarnos mejor”, ser capaz de tocarme los tobillos con las manos teniendo las piernas estiradas, o perder 5 kilos.

Los objetivos de realización hacen referencia lo que tengo que hacer para que sea más probable obtener un resultado. Por ejemplo, con la misma idea de encontrarnos mejor, asistir dos veces por semana a una clase de qigong, subir una vez al día por las escaleras en vez de por el ascensor o hacer 15 minutos de estiramientos todas las mañanas.

Como conseguir un buen objetivo es una carrera de fondo, lo ideal es combinar ambos tipos de objetivos de manera que sea más fácil llegar a la meta. El cómo combinarlos tienen que ver con el siguiente punto.

Los objetivos tienen que tener “fecha de caducidad“. Si no fuera así, los iríamos postergando hasta las navidades próximas. Para poder cumplir con los plazos estableceremos objetivos a corto, medio y largo plazo. La consecución de estos objetivos intermedios no sólo ayuda a saber si vamos en el camino correcto, sino que además son una fuente de motivación que nos darán la energía para seguir luchando por ellos o me indicarán que he de corregir si me salgo del camino.

En los plazos, intercalaremos objetivos de resultado, a donde queremos llegar, y de realización, que tenemos que hacer para que nos sea más fácil llegar. Por ejemplo, para “encontrarme mejor” decido que lo que necesito es realizar una hora de actividad física suave – moderada todos los días. Para conseguirlo en un plazo de dos meses, lo planteamos de la siguiente manera:

  • Primera semana: Ir a clase de qigong martes y jueves.
  • Segunda semana: Ir a clase de qigong martes y jueves y andar 20 minutos lunes y viernes.
  • Tercera semana (repetimos anterior para crear hábito): Ir a clase de qigong martes y jueves y andar 20 minutos lunes y viernes.
  • Cuarta semana: Ir a clase martes y jueves y andar 20 minutos lunes, miércoles y viernes.
  • Quinta semana: Ir a clase martes y jueves, andar 20 minutos lunes, miércoles y viernes. El sábado salir a dar un paseo y practicar el qigong en el parque.
  • Sexta semana: Igual que la cuarta, pero ampliamos el paseo a 30 minutos.
  • Séptima semana: ampliamos el paseo a 45 minutos.
  • Octava semana: Clase de qigong, martes y jueves. Lunes, miércoles y viernes, paseo de una hora. Sábado, paseo y práctica en el parque de una hora.

Para terminar, algunos consejos. Nuestros objetivos tienen que ser realistas. Aunque se nos planteen metas tremendamente deseables, si éstas no tienen una posibilidad real de ser alcanzadas, toda la ilusión que nos haga poner al principio, se desvanecerá cuando veamos que no podemos llegar. Pero también deben resultar un reto, si son demasiado fáciles no tendremos interés por trabajar para conseguirlos.

Ten siempre un plan de qué hacer si en algún caso no puedo cumplir con lo establecido. Si por ejemplo tengo que salir a dar un paseo pero llueve, no lo cambies por estar sentado en el sofá. Busca alguna actividad que pueda tener efectos similares y que puedas hacer en casa o bajo techo.

Para terminar, si algún día fallas, no significa que haya que tirar todo el trabajo a la basura: Mira que es lo que ha fallado, si el plan no estaba bien definido, si los objetivos no eran realistas, si hay otras cosas que interfieren y trata de arreglarlo para poder retomarlo lo antes posible.

Ya sabes que el camino más largo empieza con un solo paso, ¿lo damos juntos?

 

Javier Arnanz
Instituto Movimiento y Salud

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