Aumenta tu fuerza de voluntad

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Todo el mundo quiere “fuerza de voluntad”. Es como una varita que consigue que según tomes una decisión, ésta se ponga en marcha como magia. Y viceversa, sin ella, nada puede cambiar. Quieres hacer más ejercicio, pero si no tienes la varita mágica de la fuerza de voluntad, no merece la pena ni que lo intentes. Total, no es culpa tuya, no tienes fuerza de voluntad y no tiene sentido ni intentarlo, ¿verdad?

Esto que parece una exageración no lo es tanto. En todo el tiempo que llevo dando clases la principal excusa que da para no practicar es que “no tengo tiempo” y cuando se argumenta que puedes levantarte 5 minutos antes, o aprovechar un momento en el descanso de la comida te contestan con mil excusas que se pueden resumir en “no tengo ganas para hacer el esfuerzo”.

Lo primero que hay que entender es que la fuerza de voluntad no es un rasgo de nuestra personalidad, es una habilidad que desarrollamos. Podemos considerarla como un músculo más de nuestro cuerpo. Hay quien por genética tiene más o menos musculatura, pero independientemente de cuál sea tu punto de partida, si entrenas, el músculo se fortalece. Si un músculo no lo mueves en absoluto, se atrofia. La fuerza de voluntad funciona de la misma manera. Nuestras experiencias en la vida y nuestra educación nos han llevado a tener el “volumen” de fuerza de voluntad que tenemos a día de hoy. Desde este momento podemos entrenarla o dejar que se atrofie.

Y ¿cómo se desarrolla la voluntad? Como cualquier habilidad, a través de la práctica. Esto significa que literalmente todo el mundo puede desarrollar más fuerza de voluntad. Pero antes de meternos en harina, os contaré un experimento curioso.

A finales de los años 90,  Roy Baumeister, un psicólogo de la Universidad de Florida, realizó un experimento sobre la fuerza de voluntad. Para ello puso a dos grupos de personas en una habitación impregnada con olor a galletas de chocolate recién horneadas. Al primer grupo se le pidió que comiera galletas y al segundo grupo que comiera rábanos. Después de estar un rato en la habitación, se les dio un rompecabezas complejo. Al analizar los resultados se pudo comprobar que las personas que habían comido galletas estuvieron enfrentándose al problema de forma intensa con una duración media de 19 minutos, mientras que los que habían comido rábanos sólo aguantaron de forma intensa un tiempo medio de 8 minutos frente al problema.

Bien, si a la luz de los resultados has concluido que las galletas de chocolate desarrollan fuerza de voluntad, y estás a punto de parar de leer para ir a por algo de picar, esto nos va a llevar un poco más de trabajo. El experimento demostró que, las personas que comieron rábanos emplearon una gran energía y por tanto fuerza de voluntad para resistirse a la tentación de comer galletas. Habían agotado gran parte de su fuerza de voluntad aguantando la tentación de comer galletas, y por tanto estaba más debilitada y por eso se rindieron antes frente al problema complejo del rompecabezas.

Podríamos concluir que todas nuestras acciones mentales consumen la misma “fuente de energía” y que debido a eso nuestra capacidad de tomar decisiones inteligentes va disminuyendo gradualmente. A veces no nos falla la fuerza de voluntad porque no la tengamos, falla porque está agotada, al igual que un músculo si se usa en exceso. Y seamos francos, ¿Cuántas decisiones estamos tomando al día? ¿Cuántos esfuerzos estamos haciendo? Entonces, si las necesidades de mí día a día no las puedo cambiar, lo que tendré que hacer es seguir dos estrategias. La primera es ser más selectivo sobre dónde invierto mi fuerza de voluntad para evitar el agotamiento y la segunda es tratar de mejorar mis reservas de Fuerza de Voluntad, ampliar “mis baterías”.

Los experimentos de Baumeister continuaron y  pidió a sus alumnos que llevaran a cabo ejercicios de autocontrol en la comida, ejercicio regular, hablar con oraciones completas y con un lenguaje educado, sin palabras soeces. Después de algunas semanas los alumnos demostraron más fuerza de voluntad y menos agotamiento en los experimentos del laboratorio además como efecto colateral desarrollaron mejores hábitos en su vida en general, viendo menos TV, mejorando su estudio, teniendo la casa más limpia, reduciendo el consumo de tabaco.

 

¿Cómo mejorar nuestra fuerza de voluntad a través el Qigong o del Taijiquan?

Como decíamos muchos no practican porque dicen no tener fuerza de voluntad, pero la fuerza de voluntad se adquiere con la práctica. Si no salgo a correr porque no tengo resistencia, ¿cómo voy a ganar resistencia para salir a correr? La clave está en ponerse unos objetivos realistas y adaptados a mi nivel y circunstancias.

Trata de hacer al menos 15 minutos de práctica diaria. Casi cualquier rutina de Qigong o de Taijiquan la puedes encajar en 15 minutos y debería ser relativamente sencillo encontrar 15 minutos para nosotros en nuestro día.

¡No tengo 15 minutos! Pues haz dos minutos, pero levántate y ponte. Lo importante es demostrar quién manda. En dos minutos me puedo hacer la secuencia de Peng y An, o tomar un movimiento de Las 8 Piezas del Brocado como Sostener el Cielo y la Tierra y hacer unas cuantas repeticiones. Puedo hacer una posición estática como “El Árbol”, una meditación como las “5 Palabras de la Compostura” o tomar unos movimientos de taichí y repetirlos en bucle.

Si consigues hacer este esfuerzo durante el tiempo suficiente, cada vez resultará más sencillo. Descubrirás que la Fuerza de voluntad no es necesaria para realizar algo que es un hábito, o ¿acaso tienes que hacer un esfuerzo para lavarte los dientes? Y si llega a no ser necesaria la fuerza de voluntad para ponerme al menos dos minutos al día a hacer mi práctica, la que no he gastado la puedo utilizar en otras cosas necesarias para mí o incluso en ampliar mi propia práctica.

Así que te propongo un reto: El reto de las 15 semanas. Durante este tiempo toma el compromiso de practicar todos los días sin excepción. Si puedes, 15 minutos. Si no puedes, al menos 2. Pero que no pase ni un solo día sin ponerte en pie, tomar aire y dedicarle un momento. No hagas trampas, no valen las horas de los días que tengas clase como parte del reto. Para alcanzar la gloria no existen atajos.

 

Y ya me contarás…

 

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad o la energía atómica… la voluntad.”
Albert Einstein

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